jueves, 29 de marzo de 2012

Chiquinina también.

Érase una vez una niña con tres meses de experiencia en eso de andar. Creía que todo el campo era orégano, o que todo suelo era de tarima y/o alfombra. Pero no contaba con los adoquines de una ciudad monumental. Monumental como el coscorrón que se pegó.

Tropezó, se tambaleó hacia delante, echó sus manitas sin éxito, y paró el golpe con un coscorrón en la frente. De la manera más tonta, teniendo en cuenta que le gusta probar cosas bastante más arriesgadas que darse un garbeo ( como encaramarse a la trona, apoyarse en el zócalo del baño para subirse a la tapa del WC y en general subirse a todo lo que pueda).

No lloró mucho con el golpe y no le dimos mucha importancia. Pero aquello se fue inflamando, hasta el punto de hinchársele la parte superior de la nariz, toda la frente…Tremendo, no parecía ella. La inflamación se fue extendiendo por la zona hasta que finalmente, después de unas horas, se le pusieron los lagrimales y las ojeras moradas. Y no era la máscara de Batman, no. Era morado de verdad…madre mía, qué aparatoso…

Menos mal que tenemos el médico en casa y gracias a eso no cundió el pánico. Porque además vete tú a urgencias ( no era una urgencia, pero la verdad es que impresionaba) y explícales que no ha pasado nada, que se lo ha hecho sola, de forma accidental y que simplemente ha tropezado en la calle.

En este caso ni flequillo ni nada, no había camuflaje posible. Así que la pobre ha estado uno días hecha un cristo. Menos mal que al menos parecía no dolerle.









martes, 27 de marzo de 2012

Érase un niño a un chichón pegado.

-Un super héroe nunca abandona…! Yuhuuu!

Y allá que va como una bala. Sin zapatillas, como siempre, para desquicio mío. Y esta vez se resbala e intenta agarrarse al sobre de la mesa de la cocina para no caerse; con tal mala suerte que allí donde debería haber uns superficie sólida y salvadora, hay un plato. De manera que no sólo no consigue sujetarse y frenar la caída, si no que el plato cae también. En su cabeza.

-Me duele muchooooooooooo!!!!! (lloros)

Como pa'no.

Me entra el tembleque. Temo el momento de cogerle y verle el golpe, o el corte, o vete a saber...Afortunadamente no parece gran cosa, sólo un rasguño.

-Tengo mucha sangre? -pregunta un par de veces, qué obsesión.

No. Peeeero, como por arte de magia un bulto empieza a crecer y crecer sobre la sien. Parece que nunca va a parar. Vea ud. la formación de un chichón en tiempo real y flipará. Espectacular la velocidad. Y espectacular también el resultado final. Qué bulto, qué color tan feo…

Madre-del-amor-hermoso. Pero qué es esto! Menudo bollo. En mi vida había visto un chichón así, tan grande, redondo y perfecto. ¿He dicho ya lo grande que era? Grandísimo.

Mucho dolor, un poco más de lloros ( y eso que Chiquinini siempre dice que no le ha dolido cuando se da un golpe y sabe que se lo andaba buscando, orgulloso que es él) y algo de ibuprofeno para aliviarle.

Por suerte nada más. Pero un mes enterito ha tardado en desaparecer el bollo, como lo llamaba él. Y eso después de ponerse de todos los colores. Menos mal que se lo tapaba el flequillo...

Y mañana más, en versión “hermana de Caillou (yo tambén)"  o "si no hago lo que veo me …”
Dibujo de chichón casi a escala real...

martes, 20 de marzo de 2012

¿Y cómo arreglo esto?

Tengo que arreglar un desaguisado, y la verdad, no sé por dónde empezar

Y es que cada vez que pasamos un rato con mi hermana y su marido, él le pregunta a ella por lo bajini  “Y cuántos de estos dices que quieres?” . Y cada vez que voy a lamentarme de una mala noche o similar estando con ellos (mea culpa), mi hermana me dice por lo bajini “calla, calla, que no te oiga él.”.

Y es que estamos contribuyendo a bajar la tasa de natalidad, me temo. Justo lo que se necesita.

Similar es lo que ocurre con la hermana de mi marido. Yo creo que todos se asustan al ver de cerca lo agotador que es el día a día con niños pequeños. Y no porque se porten mal, simplemente porque es así. Y qué les voy decir, no se puede negar la evidencia.

No sé qué habría pensado yo en esa situación. (Afortunadamente?) no tenía niños cerca, ni sobrinos, ni nada cuando decidí embarazarme. Así que…

-Bueno, no creo que nos cambie tanto la vida. Si total, nosotros no somos de salir mucho de fiesta por la noche.

Bendita ignorancia. ¿Pero se puede ser tan simple?. Sí, se puede... Esas palabras o parecidas salieron de mi boca aunque ahora no me lo pueda creer.

Total, que me siento en deuda con ellos. Porque no quiero desanimarles. Porque tener hijos es cansado, sí, lo es. Pero si se quiere tener hijos, se quiere, y ya está. Es algo que va mucho más allá de si el ritmo de vida será  más o menos cansado o habrá que renunciar a algunas cosas ( en favor de otras, por cierto)

Porque ellos ven mis ojeras, mis comidas atragantadas y mis desvelos. Pero no sienten la emoción de cada pequeño paso que dan, la alegría que contagian, la ternura, el amor taaaaaaan grande…

Igual que cuando estás enamorado de alguien, esas emociones no se pueden transmitir a otra persona y por mucho que se las expliques sólo lo sientes tú. De igual manera las emociones y alegrías que te da un hijo, no se pueden explicar. Hay que vivirlas. Así que…adelante, que quiero ser tía!!


                             Fotografía de http://www.sarahrhoads.com/

lunes, 12 de marzo de 2012

Nadie te avisa

Nadie te avisa. Nadie te cuenta las dificultades y dudas que sobrevendrán cuando seas madre y quieras seguir con tu trabajo.

El mundo sigue siendo machista y probablemente también desconsiderado con la familia.

Estudié y me formé igual que podría haberlo hecho si hubiera sido un chico, con las mismas oportunidades. Empecé a trabajar y a pesar de trabajar en un sector donde siguen predominando los hombres, (casi) nunca me sentí discriminada por ser mujer, aunque sí percibí en ocasiones actitudes un poco paternalistas.

Mi vida laboral y la de mi marido eran bastante parecidas. Bueno, parece que el mundo no es tan machista al fin y al cabo…pensaba yo…

Hasta que tienes hijos.

Vi claro entonces que nuestra mentalidad es aún machista porque, por ejemplo, en ningún momento me imagino a mi marido reduciendo su jornada. Y también veo que a él no le pesa tanto como a mí esta dicotomía. Me rindo a la evidencia, hombres y mujeres somos en esto diferentes.

¿Y ahora cómo lo hago? ¿Puedo estar en dos sitios a la vez? Pues…evidentemente es complicado, y más aún con la escasa concienciación que tenemos en este sentido.
 
Pienso que en mi empresa no hay machismo, no al menos de forma evidente. Pero…vaya, ¿cuántos jefes de departamento hay que sean mujeres? Pocos. ¿Y cuántos “jefazos” hay que sean mujeres? Ninguno.

¿Por qué? Pues ahora lo veo claro. Es por culpa de todos. Porque las mujeres son siempre las que, si llega el caso, reducen su jornada. Y esto aún se ve como una falta de compromiso con la empresa. Porque aunque estemos a jornada completa, a veces no queda más remedio que renunciar a promocionarse y mejorar, ya que eso implica más horas dedicadas al trabajo, a veces también viajes y estancias fuera de casa, disponibilidad total…Algo que normalmente no se desea si se tienen hijos y se aspira aún a cuidarlos y pasar tiempo con ellos. ¡Oh, menuda osadía!

Y no entro en si está bien o no. Si la vida debe ser así o no porque las exigencias del trabajo son las que son; si debería o no ser así, al margen de que se sea hombre o mujer.

Sólo escribo lo que pienso, lo que ES…El techo de cristal. O un muro contra el que cada día me estoy dando cabezazos.

Prometo escribir sobre otra cosa la próxima vez, porque veo que me estoy volviendo monotemática.

jueves, 8 de marzo de 2012

Supersónica

Hoy me ha dado por llamarme así a mí misma. Porque voy casi literalmente corriendo a todas partes. Porque no tengo ni un minuto de respiro al día desde hace algunas semanas. Porque o dimito de madre ( ni loca!) o dimito en mi trabajo (ni loca?). Porque corro, vuelo, cojo las esquinas que las dejo achaflanadas. ¿Se puede hacer la compra semanal en 15 minutos? Yes, I can!

Desde que Chiquinina da los buenos días ( siempre un poco antes de que suene el despertador) hasta que caigo rendida en el sofa ( más bien en la cama, para qué voy a sentarme en el sofá si sé que no voy aguantar despierta más de 5 minutos), es un no parar.

En mis horas de trabajo fuera de casa estoy al máximo, una cosa después de otra, pim-pam, sin parar. Aún así algún día la jornada se me alarga un pelín. Un pelín porque hago todo lo posible para que no sea más. Pero un pelín en la jornada de una madre trabajadora es lo justo para tensar la cuerda bastante.

Así que pasan los días  uno tras otro y no me entero, claro. Cuando estoy en casa y aunque tengo mucha ayuda siempre hay algo que hacer. Y por supuesto quiero estar con los Chiquininis y jugar con ellos. Luego vienen las cenas, baños, cuentos...y me pregunto si disfruto realmente de ellos o la rutina me come.

Todo lo demás, como mi reciente interés por la fotografía, todos esos libros esperándome en el Kindle, las series de la HBO que ha grabado mi marido, mi curiosidad por el mundillo de los vinos, este blog, mil cosas que me gustaría hacer...en fin, para qué nombrarlas siquiera, cuando no tengo tiempo ni para una ducha relajada. Y en realidad tampoco me importa demasiado, porque es totalmente secundario; lo que de verdad me importa es otra cosa.

Y de nuevo las dudas. ¿Seguro que es esto lo que quiero?. Ya lo pensaré cuando tenga un rato...