martes, 29 de noviembre de 2011

Las madres rendimos más en el trabajo.

Eso dicen, que las madres somos más eficientes y eficaces, que nos organizamos mejor, priorizamos, simultaneamos tareas, empatizamos, vamos, que tenemos un montón de buenas cualidades agudizadas por la maternidad. No digo yo que yo sea así, que no me quiero meter en berenjenales.

Pero en mi caso será otro día. Ya rendiré el 200% otro día, porque hoy va a ser que no.

No he dormido nada. Esta noche Chiquinina lloraba y lloraba, y aún sigo sin saber qué le pasaba.Parecía dolor de barriga. He dormido a cachos y mal. El deambular por la casa en pijama, de madrugada y en noviembre, no es muy bueno tampoco para la salud. Dolor de garaganta.

Cruzar la ciudad (pequeña, menos mal) con el coche dos veces, porque te has dejado algo en casa, en hora punta. Y dando gracias de que tienes una super-abuela que cuidará de Chiquinina hoy, porque tal y como está qué pena me habría dado dejarla en la guardería.

Conducir al trabajo con niebla, un ojo abierto y el otro cerrado. Llegar a la oficina, sacar un café de la máquina ( el cuarto en seis años porque en realidad no me gusta nada), y tirármelo por encima. Quemarme la mano y salpicarme todo el pantalón.

Me quiero ir a mi casa a dormir. Pero estaré en el trabajo, pensando en Chiquinina.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sobre el asunto Soraya.

Hierve la blogosfera y hierven las redes sociales con la presencia de Soraya Sáenz de Santamaría en su puesto de trabajo 9 días después de dar a luz.

A mí personalmente ( y debo ser un bicho raro) me da pena. En realidad veo en ella el claro ejemplo de que conciliar, compatibilizar, NO es posible. A día de hoy sigue siendo una utopía. A día de hoy hay que elegir. Y no libremente precisamente. O coge el tren Soraya, o está donde debería estar ( por Dios, que está recién parida!). Pero si opta por esto último pierde ese tren para siempre.

Menuda disyuntiva.

De este modo está perdiéndose vivir con la intensidad que se merece un momento tan trascendente como el nacimiento de un hijo. Está privando a su hijo de su presencia. Y debe ser muy duro estar al pie del cañón con el agotamiento de un parto tan reciente y todo lo que sabemos que ìmplica el postparto. 

Pero si hubiera optado por el otro camino...seguramente habría perdido la oportunidad para la que habrá trabajado largo tiempo.

Así que a mí me da pena. No se puede elegir libremente, ni conciliar. O esto o lo otro, elige.

Y me da por pensar que vaya faena que le hicieron al adelantar las elecciones, porque si hubieran sido en marzo, su bebé habría tenido ya cuatro mesecitos, que aún siendo pequeño, otra cosita es.

En fin, que no sé. Me parece una barbaridad que esté donde está, pero no sé hasta que punto tienen razón quienes dicen que es un ejemplo ( mal ejemplo). ¿No es más bien un caso excepcional?

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Conocéis a Murphy, Baby Murphy?

-Hola, soy Murphy, baby Murphy.
-Esto...qué hora es? Las 2 a. m. ,no?
-Sí
-Ah, pues nada, pasa, pasa, como si estuvieras en tu casa.

Y así se lío la troca el viernes por la noche. Que digo yo, que ya es casualidad..

Chiquinina llevaba una semana de malas noches, motivo aún sin identificar, pero hasta aqui nada extraordinario con un bebé ( o bebote ya) de 11 meses. A la 1 am se despertó y no quiso volver a dormirse. Juerga y olé.

Y así andábamos de levante a esas horas, cuando al cabo de un rato Chiquinini, que en sus tres años y medio de vida no había vomitado nunca JAMÁS, vomitó. Estaba dormido y casi ni se enteró, con el consiguiente "rebozao" que no detallaré. Sólo diré que tuve que meterle en la bañera, lavarle la cabeza, cambiar las sábanas de arriba a abajo...Claro, meter a un crio de tres años en la bañera a las dos de la madrugada, con mal cuerpo y desubicado, no es cosa fácil, no.

Y Chiquinina mientras llorando porque no quería estar sola.

El padre de las criaturas no estaba esa noche.

Todavía no me he cruzado con ningún vecino, a la espera estoy de sus comentarios por el escándalo nocturno...

De verdad, por qué tiene que liarse siempre por la noche, o cuando estás sola, o cuando uno está malo, o todo a la vez, en el peor momento vamos!

Hoy tengo una jaqueca tremenda y el estómago fatal, además de la regla. El padre de las criaturas está de viaje. Apuesto a que esta noche toca festejo otra vez.

viernes, 18 de noviembre de 2011

#CRYA ..Me enciendo!!

¿Sabeis eso de que hablen de mí sea bien o mal , pero que hablen? Pues por no darles ese gusto no voy a dar nombres.

El caso es que estaba anoche el político de turno en la televisión. Y llegado un momento se le llena la boooooca: "Lo que más me preocupa es la conciliación y bla, bla, bla. La igualdad, las mujeres, esto, lo otro...Así que hay que crear más escuelas de 0 a 3 años. Es importante que los niños se les enseñe desde pequeños..."

¡Venga ya hombre! Y que les enseñen la tabla de multiplicar con seis meses, antes de que sepan decir "má".

Es que no se han enterado de nada, de nada...Qué impotencia.

El viernes hubo un pequeño debate con otro político en Twitter, del que se han hecho eco varias madres blogueras, entre llas Mamá sin complejos. Tampoco a él pienso nombrarle, aunque en su favor diré que al menos este señor se dignó a contestar los mensajes que le llegaban. Al menos él hablaba de alargar las bajas por maternidad de padres y madres, y no de guarderías. pero por cierto, conciliar tampoco es sólamente alargar la baja por maternidad o paternidad, que los hijos son para siempre, no sólo para X semanas

Señores, entiéndanlo de una vez: un bebé no tiene que estar en una guardería, tiene que estar con sus padres. Conciliar no es buscar un sitio deonde colocar a nuestros hijos mientras trabajamos.

Conciliar es educar, concienciar, cambiar hábitos.

Conciliar es ayudar a las empresas que ayudan.

Conciliar es que los padres se impliquen tanto como las madres.

Conciliar es flexibilizar horarios. Y aqui voy a poner un ejemplo concreto. Muchas empresas funcionan con un horario de 8 a 17h, o similar. Sería tan sencillo como flexibilizar la entrada y la salida con un margen de una o dos horas. Esto permite por ejemplo a papá y mamá solaparse menos tiempo en sus horas fuera de casa. Qué barbaridad acabado de decir, eh? Vamos, debe serlo porque pocas empresas lo hacen...

Me enciendo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Tacones

Me traicioné a mí misma. Me compré unos botines de tacón, tacón de verdad. Quería ir mona, estilizada, a la moda...Ay, alma cándida, por qué te traicionas a ti misma, que siempre has dado prioridad a la comodidad.

Mi pie no lo soporta, ni mi tobillo, esa posición es antinatural. Agotador.

Y lo peor de todo: con ellos no puedo echar carreras con Chiquinini.

Lo siento por el desembolso y espero haber aprendido la lección.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A setenta centímetros del suelo

Desde hace unos días Chiquinina es capaz de caminar. Empezó arrastránsose y reptando (ahora ya gatea) hasta el sofá por ejemplo, donde se agarraba, se ponía de pie, y ahí se quedaba un rato, paseándose de lado a lado del mueble.

Uno de sus sitios favoritos es el cambiador, que tiene una bandeja inferior a su altura donde puede hacer de las suyas, entreteniéndose un buen rato. Así que ahí la dejamos una tarde mientras íbamos de un lado a otro de la casa haciendo mil cosas y ordenando por enésima vez. Gran error por cierto, porque cuantas más veces ordenes más veces desordenarán ellos. Si ya lo dice la termodinámica, que todo en el universo tiende a su estado de máxima entropía ( o sea, desorden), proceso que se ve acelerado si hay niños.

Pues eso.. De repente, al recorrer el pasillo, la vimos: ahí estaba Chiquinina, en la puerta de su habitación, agarrada al marco de madera y con una sonrisa triunfal, emocionada y de satisfacción por su logro, mirándonos a 70 cm del suelo.

¡Qué momento!

Y así de un día para otro, podemos decir que Chiquinina anda. Aún no lo hace sin apoyo, necesita algo a lo que agarrarse, pero se puede recorrer casi toda la casa sin que la ayudemos. En algún momento de aquel día se decidió a salvar el avismo entre el cambiador y el siguiente objeto al que agarrarse, estirando un pooooco más el brazo, y avanzó. Y de ahí al radiador, y a la pared, y,y,y….Esto ya no hay quien lo pare.

Ahora viene lo peor: el dejarse los riñones porque sólo quiere andar. Y el no poder dejarla sola ni un minuto para que no se haga daño. Cosa que no hemos conseguido porque ya luce su primer chichón en la frente. Y los que le quedan, me temo, por mucho que queramos evitarlo…

lunes, 14 de noviembre de 2011

¿Sabré enseñarles el valor de las cosas?

Esta es una de las preocupaciones que tengo, y que como el año pasado empieza a agudizarse ahora que se acerca la Navidad. Si sabré, o mejor dicho, si sé ya enseñarles a mis hijos el valor de las cosas.

Tienen absolutamente de todo. El verbo comprar Chiquinini lo aprendió bien pronto. Se compran ropa, cuentos, algún dulce, un refresco…Lo que sea. Compramos cosas para la casa, para las vacaciones, para el colegio, para, para, para…

Creo que no derrochamos, pero los niños tienen de todo, a veces seguramente de más. Nunca les falta de nada, luego imagino que ellos lo entienden como algo completamente normal. Como esa es su vivencia, las palabras se las lleva el viento. No creo que sirva de nada hablarles de que las cosas se ganan con esfuerzo, que no hay que derrochar, que hay que ahorrar…Las palabras no valen. Creo que para aprender y concienciarse en este sentido lo que marca más es la experiencia que uno tenga. Pero qué hago, les niego cosas por el simple hecho de negarlas, “para que aprendan”?

Además es una bola tan grande…Quiero decir que la sociedad en este momento es así. (Para la mayoría afortunadamente, peor sería obviamente lo contrario). Si se rompe algo, se repone por algo nuevo. Pocas cosas se arreglan o reparan ya.

Cuando yo era pequeña si salíamos a tomar algo me podía tomar una sola Coca-Cola y además compartida a medias con mi hermana. El viernes era un día especial porque era cuando podía comprarse algún chuche. Ejemplos así habría varios.

Ahora llegan tres cumpleaños en el colegio en una misma semana con unas bolsas de chucherías que no me las puedo comer ni yo. Viene un tio y le regala un balón, llega la abuela y le compra un helado, etc. Ejemplos así también hay varios.

Y llega la Navidad….y eso ya es demasiado. Regalos y más regalos. De un tio, del otro, de los abuelos, los tios abuelos, la vecina,…empiezan el día 25 o antes. Es cierto que durante el resto del año no compramos juguetes, sólo en el cumpleaños. Pero aún así lo de la Navidad es un poco excesivo. Cuando llegen los pobres Reyes el día 6 de enero a nuestra casa, me pregunto si a Chiquinini le quedará algo de ilusión o ya sólo le importará desenvolver paquetes, lo que me entristecería enormemente.

Me pregunto si no me habré hundido ya hasta la cintura en el fango que dije que nunca pisaría.

Así que no sé cómo hacerlo, cómo encontrar el equilibrio para que aprendan el valor de las cosas, algo que me parece fundamental para ellos.


Cariño, he envuelto al niño...
(Esta foto ya la puse en el pasado, no recuerdo ni donde la encontré, pero da que pensar...)

jueves, 10 de noviembre de 2011

Guardería sí o no y cuándo

Cuando Chiquinini empezó la guardería fue un cambio importante para nosotros, tenía miles de dudas e inquietudes, nervios, de todo. Fue más o menos cuando empecé a escribir este blog y escribí bastante sobre ello, claro. Seguro que cuando empiece mi Chiquinina lo viviré de otra manera, o eso espero, es lo que tiene haber pasado ya por esa experiencia. Y haber visto que después de pensar mucho en ello y dudar de las bondades de la situación, el balance final es bueno.

El caso es que en su día me preguntaba si existía un momento “ideal” para llevar a los niños a la guardería.

Ahora que mi Chiquinini mayor tiene tres años y medio mi sensación es que si ese momento ideal existe, es enorno al año y medio o dos años.

En el caso de que las circunstancias personales nos permitan elegir…., para mí no es una buena idea llevarles antes de cumplir un añito. Un bebé es un bebé, y necesita mil atenciones y cariño, y eso es difícil que se lo dé una cuidadora con ocho crios a su cargo. Y si es posible que el niño ya camine, mejor que mejor, porque aunque no juegue aún con otros niños podrá trastear por aquí y por allí, usar algunos juguetes, etc.

Y puestos a pedir, si podemos retrasarlo un poco más, lo ideal para mí es llevarles con año y medio o dos años. Para entonces ya se manejan mucho mejor, y con dos añitos, aunque he leído que no socializan hasta los tres años, sí empiezan a jugar con otros niños. Además pueden hacer ya muchas cosas.

Con dos años creo que un rato en la guardería ( no hablo de largas jornadas) puede ser incluso bueno. Muchas veces la otra opción es estar en casa con mamá sin ver a otros niños ( hermanos, primos,…), sin poder jugar en el parque cuando hace mal tiempo, y a veces aburridos porque mamá también tiene otras cosas que hacer en casa. Así que un rato en la guardería puede ser divertido.

Chiquinini empezó con dieciocho meses y con ese tiempo se adaptó muy bien. A veces pienso que si hubiera sido más mayor le habría costado más. No sé.

La retirada del pañal por ejemplo fue fácil, y creo que pudo influir el ver a otros niños en la guardería, ya que muchas cosas las aprenden por imitación ( las buenas…y las malas…).

El inconveniente de la guardería: es increíble cómo pueden cogerse tantos virus y demás. (Y no me consuela el “bueno, así se inmunizan”)

Así que resumiendo, para mí la guardería es buena, pero como todo, en su justa medida.

martes, 8 de noviembre de 2011

El día doblemente interminable

Cuando Chiquinini no había cumplido aún los dos años, escribí una entrada titulada El día interminable. Ahora digamos que sería el día doblemente interminable. Y eso que somos dos los progenitores, que en algunos momentos es en plan “este pa’ ti y este pa’mi”. No sé cómo se las apañan quienes tienen más de dos, y ya no digamos las familias monoparentales…¡uf!

Ayer veía paseando a mis vecinos, con su primer hijo, un bebé de cuatro meses dormidito en su capazo.- Aaaah!!! Qué relajación!! -Dijimos mi marido y yo al unísono.- Un solo niño para dos adultos. Además va en el capazo, y dormido. Así que los padres pueden pasear charlando de sus cosas tranquilamente. Por Dios, qué lujo.

Ahora un día normal nos levantamos, con suerte Chiquinina duerme hasta casi el momento de salir. Si no es así la tenemos reptando por el pasillo o distrayendo a su hermano, que ya de por sí tiene pocas ganas de desayunar y vestirse, o llorando porque no quiere quedarse sola mientras vamos todos de un lado para otro de la casa…

Pero bueno, la cuestión es que ahora tenemos que salir todos temprano de casa bien aseaditos y desayunados, y con el abrigo puesto, y sin olvidarnos el chupete de una, la mochila del otro, la bolsa que dajaré esta tarde en la tintorería según vuelvo, etc. Y conseguir que Chiquinini desayune y se beba todo el ColaCao. Y se vista y se cepille los dientes, o mejor en orden inverso para que no se empape el jersey y nos toque cambiarlo…Mientras tanto intento vestirme y salir mínimamente “ conjuntada” de casa, que entre que hago veinte cosas a la vez y que de noche todos los gatos son pardos (a esas horas ahora es de noche), hay días en que me avergüenzo cuando se hace la luz…

Y yo llevo a una y tú llevas al otro. Y que no me haya dejado las llaves del coche en casa y tenga que volver a subir. Y que no me confunda de niño, que ya sería el colmo pero es que ya no me extraño de nada.

Y luego a trabajar.

Después del trabajo, por fin un rato con los Chiquininis. Hora de gimnasia, sobre todo ahora que la pequeña está empezando a echar sus primeros pasos.Y después baños, cenas, biberón, recoger cocina, juguetes, cuarto de baño…y bueno, también los mejores momentos del día, acunar a Chiquinina y contar el cuento a Chiquinini.

Por fin nos sentamos en el sofá.

Marido: Qué tal si ponemos una peli?

Yo: ZZZzzzzzzzz

viernes, 4 de noviembre de 2011

Y vuelta la burra al trigo.

Vaya por delante que la burra soy yo. Y el trigo el que va camino de ser el tema estrella del blog, la conciliación. Que me repito un poco, pero es que siempre me parece que se me quedan cosas en el tintero.

Y es que el tema daría mucho de sí. Se puede abordar desde tantos puntos de vista que no sé muy bien con qué intención me pongo a escribir hoy. ¿Será porque una amiga ha tenido que escuchar al terminar una reducción de jornada “Qué, ya se te acabó el chollo, eh”? Ella asegura que el comentario no sonó malintencionado, y venía de alguien que no tiene hijos, vamos, que no se lo tomó mal. Pero incluso en ese caso es un reflejo real de la visión que tiene el mundo en general y el empresarial en particular de la Conciliación. Cuánto camino por recorrer, cuántas mentalidades que cambiar.

Y luego está la conciliación mal entendida a mi juicio. Ya hablé aquí de la sensación que tengo de que hay un feminismo vinculado a la maternidad, la crianza, la lactancia, la divinidad del cuerpo de la mujer por su capacidad reproductora…una seríe de cosas que no me gustan. No sé bien por qué, si es cierto que la maternidad es algo grande y único, pero es que me chirrían…

Por ejemplo el entender la conciliación como el adaptar los puestos de trabajo ( o algunos de ellos, los que valen para mujeres…) a nuestra “forma de ser” como mujeres, nuestro instinto maternal, cosas así.

Es que no lo entiendo. No lo comparto. Las mujeres somos mujeres, y somos diferentes a los hombres, obvio. Pero tenemos los mismos derechos y (en teoría al menos) las mismas oportunidades. Así que nos incorporamos al mundo laboral, nos formamos, nos esforzamos y conseguimos desarrollar las mismas tareas que los hombres.

Pero resulta que un buen día los hombres y las mujeres tenemos hijos. Hijos que nos necesitan, que tienen derecho a que les cuidemos, eduquemos, dediquemos nuestro tiempo y atención.

Y ahí es donde la cosa flaquea y es verdad que puede parecer que nos han vendido la moto . Pero porque no se ha hecho bien, no porque la mujer esté engañada con una falsa liberación y su lugar esté obligatoriamente en casa .Si mamá sale de casa para trabajar igual que papá, para garantizar que eso pueda ser así sin perjudicar a nadie (a los niños básicamente), tienen que cambiar algunas cosas para todos. Es lo justo.

El presentismo, la rigidez en los horarios, la educación y mentalidad que quienes ven como algo malo una excedencia o una reducción de jornada, el que estas cosas solo las elijan las madres, etc. etc. Muchas cosas tienen que cambiar.

No se trata por tanto de que la mujer se dedique sólo a aquellos puestos que se pueden compaginar mejor con la crianza de los hijos. Se trata de que todos, padres y madres, puedan desarrollarse profesionalmente y no por eso renunciar a lo más importante en sus vidas, sus hijos.

Y hablo de desarrollarse profesionalmente, no sólo de dinero. Que es la otra cuestión que vengo leyendo repetidamente. Es que lo queremos todo, la hipoteca, el coche, las vacaciones. Y por eso trabaja la madre y no está con los hijos. Vaya mala madre. Por cierto, otra vez mal planteado, porque a nadie se le ocurre decir “y por eso el padre también trabaja y bla, bla, bla”.

Quizá habría que darle la vuelta al discurso. Esta (otra)madre está bien preparada y quiere trabajar, de hecho tenía un buen trabajo antes, pero con la conciliación de mierda que tenemos no puede estar en todos lados y ha decidido quedarse con los niños.

A propósito del dinero, y ya siendo retorcida, no habrá con esto de la crisis “intereses ocultos” para que la mujer salga del mercado laboral y vuelva a casa ¿?

En fin, volviendo al tema, cierto es que llega un punto, un nivel de exigencia y responsabilidad en el trabajo, donde creo que hay que elegir. Lo siento, pero no se puede estar en misa y repicando. El trabajo es así y las necesidades del puesto son así.Habrá que hacer renuncias en un sentido o en otro. Pero esos puestos de trabajo también creo que son los menos. La inmensa mayoría podría ser más flexible.

Ha nacido una Web: Conciliación Real Ya

La cosa va tomando forma. Conciliación Real Ya no sólo está en Facebook y Twitter. Ahora también su página web con un montón de información y noticias.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Que se os crie bien

Un amigo mío acaba de ser papá. Papá primerizo que me cuenta que todo les preocupa ahora, si duerme, si no duerme, si come poco, si come mucho, si llora, si no llora. Todo esto en apenas una semana de vida del pequeño. Y es que las preocupaciones vienen en el pack de padre/madre. Desde el minuto cero.

Y de las cien mil cosas que me gustaría contarle, de todo lo que he aprendido en tres años, no le digo ni una. No se puede resumir en cuatro frases. Y tampo hay por qué hacerlo. Él vivirá su paternidad e ira descubriendo más o menos las mismas cosas en primera persona.

Así que al final no sé tampoco cómo transmitirle cuánto me alegro y todo eso. Y me sale la frase de las abuelas. Porque ellas son sabias, y no se me ocurre nada mejor: Que se crie bien. Eso es, que crezca sano, que no surja nada raro, y que le cuiden, le quieran y sea un niño feliz. Que se crie bien, buena frase aunque suene añeja.