martes, 29 de marzo de 2011

A la altura de Marge

A la altura de Marge Simpson me he quedado. El otro día fui al supermercado con el Chiquinini. Él se entretiene echando las cosas en el carro desde el asiento para niños que lleva incorporado, aunque ya no es tan Chiquinini y está a punto de superar el límite de peso. El caso es que él va entretenido y yo voy cabreándome con el carro, con esas ruedas que se empeñan en dirigirlo hacia el lado contrario al que yo quiero, que ya no sé si es que tienen vida propia.

Total, que vamos a la comprita juntitos. Y cogemos un paquete de galletas de los Simpson, que le encantan y ya me ha adelantado que es lo que quiere llevar al cole para repartir el día de su cumple ( tres añitos ya!). Al rato me dice Chiquinini:
- Los quiero mucho.

- ¿A quién cariño?- (Pasan por mi mente tios, abuelos, etc).

- A los Simpson – me responde, abrazando la caja de galletas.

¡Será posible! A mí que se me saltan las lágrimas de emoción cuando me dice “te quiero”, este niño no discierne, me acaba de dejar a la altura de Marge Simpson sin su súper moño. ;-)

viernes, 25 de marzo de 2011

¿En esta casa viven niños?

Pista nº 1: un peluche dejado a la carrera en el recibidor tras duras negociaciones para que el Chiquinini no se lo lleve a la calle.

Pista nº2: una hamaquita en el salón y un cuento sobre la mesa.

Pista nº3: la encimera de la cocina llenita entre el esterilizador y alguna cosa más.

Pista nº 4: en la habitación de los padres un chupete, una toquilla que no dio tiempo a doblar y un Batman campando a sus anchas.

Pista nº 5: montones de animales acuáticos en la repisa de la bañera.

Todo esto sin contar la trona, la bañera , el cambiador y demás mobiliario.

Y todo esto cuando se puede decir que la casa está ordenada, que suele ser por poco tiempo. Ya me sorprendo a mí misma diciendo las mismas cosas que decía mi madre: “ Ya estoy harta, que yo voy por un lado ordenando y vosotros por el otro desordenando otra vez!”













miércoles, 23 de marzo de 2011

La piedrecita en mi bolso, la culpa.

Hace unos días Mi vida con hijos escribía en un tono más serio de lo que es habitual en su blog sobre este tema. También Mamá sin complejos tocó un tema relacionado, aunque desde el lado “opuesto”: lo que ella percibe como no aceptación de las mamás que no trabajan fuera de casa. Todo esto cuando yo andaba rumiando esta entrada, y no creo que sea casualidad, sino al contrario, creo que es algo en lo que pensamos casi todas las madres. Y es que está claro que hagamos lo que hagamos, parece que las madres siempre tenemos dudas. Si no se trabaja, porque no se trabaja. Si se hace, porque hay que dejar a los niños muy pequeñines en la guardería, por ejemplo.

Ahora que mi reincorporación al trabajo está cerca, vuelvo a darle vueltas a la conciliación, palabreja que suena muy bien y vende mucho, pero que a día de hoy está bastante hueca, me temo. Soy afortunada y no tendré que dejar a Chiquinina en la guardería con cinco mesecines, pues la cuidará mi madre, quién mejor, como ya hizo con el Chiquinini . Es una abuela joven y lo hace encantada, no sé qué haría yo sin ella…

Pero me pregunto continuamente cómo viven los Chiquininis el tener una madre ausente buena parte del día. Chiquinini ya me dejó claro en una ocasión su parecer, pero más allá de una rabieta puntual tras las vacaciones, ¿qué sentirá?¿qué pensará?

Pienso en cómo voy a volver a volar de un sitio a otro, para no robarles ni un minuto más, evitando en lo posible los médicos, la peluquería, corriendo al supermercado (bueno, ahora ya puedo llevar conmigo al Chiquinini), enfadándome si hay cola en la gasolinera porque me voy a retrasar unos minutos más en volver a casa, no atendiendo llamadas de teléfono aunque sean de mis amigos si creo que se van a alargar, intentando ir a casa a comer aunque pase más tiempo en el coche que en casa para verles, etc. Y cargando siempre siempre con esa piedrecita en mi bolso: la de la culpa.

Hace un año me preguntaba si se es peor madre por trabajar. Creo que no y me considero tan buena madre como la que más, pero es todo muy complejo. Quiero trabajar (tengo lo que se llama untrabajocomodiosmanda y no todo se reduce al dinero, que ya estoy harta de oir esa cantinela), pero también quiero estar todo el tiempo del mundo con mis Chiquininis. Si hubiera algo parecido a la conciliación de verdad, no sólo de boquilla…Para mí lo ideal sería poder estar en casa mientras son tan pequeños, y poder volver al trabajo sin perder el tren cuando estuvieran un poco creciditos y empezaran a pasar más tiempo en el cole por ejemplo.

Pero la realidad es que cada uno toma una decisión, bueno, más bien cada una, porque los padres en el 99% de los casos ni se lo plantean….Trabajar o no. Yo he optado por lo primero, pero tengo que reconocer que aunque el Chiquinini ( sobre la niña no digo nada porque es aún un bebé del que no me he separado) es un niño muy feliz, no consigo dejar atrás completamente la sombra de la culpa...




domingo, 20 de marzo de 2011

Qué hago con mi rato libre?

Los astros se han alineado y tengo un ratito para mí. ¿Qué hago? Tengo tantas cosas para elegir que no me decido. Además  no sé si el ratito va a ser de cinco minutos o de una hora.

¿Empiezo un libro? Con la de libros que devoraba antes, ahora hace semanas que no abro uno...Pero si lo empiezo a saber cuándo lo terminaré. No, mejor veo una peli. Ay, no sé, es que me apetece más conectarme a internet. Cuando pillo un rato de estos suelo escribir una entrada y dejar programada otra, porque como no sé cuándo podré volver a enchufarme...

Pero si me meto en blogger ya la hemos liado, se me va a pasar el rato volando leyendo blogs y debería conectarme al correo del trabajo a ver qué novedades hay, que si no luego cuando vuelva voy a estar más perdi que un pulpo en un garaje. Aunque...no, no, primero los abdominales, para bajar esta barriguilla cervecera que me ha quedado. Uf, es tontería, total, no los hago nunca, así que no va a servir de mucho. Mejor voy a intentar darme toooooodas mis cremitas, que antes con una hidratante estaba aviá pero ahora...reafirmante, antiestrías, rosa mosqueta que me recomendó la matrona para la cicatriz de la episotomía...

Total, que entre que me decido y no alguno de los Chiquininis ha decidido poner fin ya a la tregua.

jueves, 17 de marzo de 2011

Atisbo el fin de mis 16 semanas...

Todo es relativo, y la medida del tiempo precisamente lo es y mucho. Estos meses de permiso por maternidad han volado. Aún me queda un mesecín, pero yo ya veo que esto se termina, mi medida del tiempo ha cambiado y ahora un mes me parece una ridiculez, sé que pasará en un suspiro…

He disfrutado un montón, muchísimo. Hay momentos en que dos niños acaban con el equilibrio mental de cualquiera (ya no hablo del físico), pero ser mamá a tiempo completo es genial.

Así que tengo sentimientos encontrados. Quiero trabajar y al mismo tiempo no quiero trabajar.

En cierto modo necesito volver al trabajo. Es paradójico, pero aunque no paro de hacer cosas en todo el día, y aunque el estar con los hijos sea lo más importante del mundo, la mejor inversión y la labor más gratificante, siento que en cierto modo los días pasan sin ser muy productivos. No sé cómo explicarlo, porque al mismo tiempo soy feliz así y me va a costar mucho volver al trabajo y reducir tanto el tiempo que paso a diario con los Chiquininis…Tengo una maraña de sentimientos contradictorios que es difícil desgranar y explicar.

La Chiquinina por supuesto es aún muy pequeñita, y el Chiquinini y yo hemos disfrutado mucho de estar juntos, de hacer las cosas cotidianas como irle a buscar al colegio,etc. etc. Lo vamos a notar los tres muchísimo.

Cuando me reincorporé al trabajo tras la baja por el nacimiento del Chiquinini lo pasé mal, sentía que hasta ese momento habíamos sido uno y a partir de entonces seríamos dos. Hoy también dejo aquí la entrada porque mi cabeza y mi corazoncito están entrando en ebullición…

martes, 15 de marzo de 2011

Tres meses tiene Chiquinina

La Chiquinina tiene ya tres meses. Han pasado mucho más rápido que con Chiquinini, será esta una más de las diferencias entre un primer y un segundo hijo.

El primer mes y medio fue duro por el agotamiento que tenía yo encima, el posparto, la anemia, el sueño aún irregular de la niña, la lactancia, etc. Pero a partir de ahí he estado mucho más relajada que cuando nació Chiquinini, me he tomado la falta de sueño por ejemplo con otro humor, y todo ha seguido adelante como siempre. Supongo que influye también el hecho de tener otro hijo que sigue teniendo su rutina y sus necesidades, y que además la experiencia es un grado. En cualquier caso el tiempo ha volado.

La Chiquinina nos conoce perfectamente, se rie y parlotea mucho; tiene también su genio. No llora mucho, pero cuando lo hace es difícil consolarla. Es muy mimosa, lo es a veces su llanto, y le encanta la teta. Disfruta muchísimo con el baño, se distrae con los sonajeros manteniendo por largo rato su atención, aunque se pone nerviosita porque no coordina aún sus manos para alcanzarlos bien ( va a ser una impaciente como su madre). Tolera bien el trajín de vestirla y desvestirla a excepción del momento-mangas, que no soporta y siempre se enfada.

Y en fin, voy a dejarlo aquí para no caer en cursilerías y ñoñerías que son en realidad las cosas que se me vienen a la cabeza cuando pienso en mis dos Chiquininis, porque esto de ser mamá es lo que tiene, que no se comprende en todo su alcance y dimensión hasta que se es. Ains….


domingo, 13 de marzo de 2011

Las ventajas y desventajas de ser el segundo bebé.

La principal ventaja es obvia, papá y mamá ya no son novatos. Las cosas que van a sucederse no serán ya todas y cada una de ellas por primera vez. Son igual de emocionantes, pero menos estresantes y los padres nos desenvolvemos mejor.

La principal desventaja tambíén es obvia, y es que el primogénito tiene unos meses o años de exclusividad que no tiene el segundo hijo, a quien hay que robarle minutos de atención porque no es hijo único.

Por otro lado están las pequeñas cosas que hacemos de forma diferente. Por ejemplo, con el Chiquinini nunca jamás calenté un biberón en el micorondas. No, por Dios!! Siempre al baño maría. El chupete se esterilizaba a diario, nada de pasarlo por el grifo…

Este gradito de relajación puede ser una ventaja para el pequeño en el futuro. Imagino que con el primero se es también más estricto cuando se hace mayor. Será el primero en pedir salir por la noche y seguro que la hora de regreso será más estricta para él que para el segundo, que ya tendrá abierto el camino y una madre un poquito menos histérica (espero).






jueves, 10 de marzo de 2011

Ilusa

Padre de los Chiquininis: He comprado unas gambitas.

Yo: Qué bien, podemos cenarlas a la plancha con un poquito de jamón del bueno y esto y aquello. (Ya me imagino una cena sencilla pero rica-rica). Los cuatro juntos.

PIIIIIIIIIIIIIIIIIII. Error. No me daba cuenta que eso de sentarnos a cenar tranquilamente aún no es posible.

Padre de los Chiquininis, haciéndome volver a la realidad: Bueno, más bien uno se tomará el jamón de pie y el otro las gambas frias...






lunes, 7 de marzo de 2011

Carpetazo al hipertiroidismo.

Bueno, eso espero. Dentro de un mes tengo una nueva analítica para controlar que todo sigue bien, pero el médico es optimista y cree que todo ha vuelto a la normalidad.

El otro día me escribió Bea, embarazada y con hipertiroidismo también, un poco preocupada. Para ella y para otras futuras mamás que me puedan leer, recopilo y resumo cómo ha sido mi caso, y vaya por delante que todo ha ido bien, el embarazo, la niña y yo.

Poco después de saber que estaba embarazada empecé a encontrarme “rara”. Tenía taquicardias, dormía mal, tenía un hambre voraz y aunque comía mucho perdí en un mes tres kilos, comiendo más que nunca. El ginecólogo enseguida sospecho lo que podía ser, y se confirmó en la primera analítica, así que me citaron con el endocrino.

Al principio estuvimos muy preocupados. ¿Tengo un exceso de hormonas? ¿Justo ahora que se están formando los órganos de mi bebé? ¿Eso no puede ser bueno, verdad….?

El médico dijo que, de haber problemas, sería más adelante, pero que si el tiroides estaba bien controlado no tenía que haberlos. Y así ha sido.
Empecé a tomar un antitiroideo, el que se cree más seguro para la gestación, pero aún así con cierta incertidumbre, claro. Después de unas seis semanas empecé a encontrarme mucho mejor. Desde entonces los controles han sido mensuales para ir ajustando la dosis de antitiroideo (Propycil).



En el último trimestre, como creo que es lo habitual, el problema mejoró mucho. Y en el postparto, que es cuando suele agudizarse de nuevo, no fue así, lo que me hizo ser optimista ya que el hipertiroidismo había aparecido con el embarazo y parecía que iba a desaparecer con el “desembarazo”. Un mes más tarde volvía a estar en el límite en los valores de las hormonas tiroideas, pero ahora parece que estoy en valores normales de hormonas y anticuerpos. Todo este tiempo el médico me ha ido regulando y ajustando la dosis de Propycil.

A la Chiquinina se le hizo una analítica sanguínea a los diez días de nacer y todos los valores referentes a su función tiroidea, por la que yo estuve también preocupada al estar medicándome durante el embarazo, resultaron ser estupendos.

Con la dosis de Propycil que he estado tomando en el postparto he podido darle el pecho a la niña sin problema, aunque sobre esto también tuve dudas al principio.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado ( ¡espero!)

jueves, 3 de marzo de 2011

Escucha selectiva

Parece que en esta casa hemos descubierto nuevas modalidades de escucha selectiva, que por otra parte creo que es la más común también ahí fuera.

La selectiva y la nula, cada uno a contar lo suyo y nunca a escuchar a los demás, ea.

Que me desvio del tema. En casa hay dos modos como decía. Por un lado la del Chiquinini:

 

-Chiquinini, no dejes ahí tirado el abrigo. Llévalo a tu habitación.

- ¿Eh?

-Que lleves el abrigo a tu habitación.

-¿Eh?

- No te hagas el sueco. Que recojas eso ya.

-¡Uuuy!

La segunda modalidad es la mía. Ya he hablado alguna vez de cómo las madres tenemos superpoderes, a diferencia de los padres que parece que tienen sordera con los ruidos nocturnos de sus retoños. Las madres oimos los pasitos descalzos en el pasillo inmediatamente.

Bueno, pues la otra noche se cayó de la encimera de la cocina una sartén, armando al parecer un estruendo considerable, y yo NO lo oí. Y eso que la cocina está pared con pared con la habitación. Si la Chiquinina gruñe un poco, si en el dormitorio de al lado el Chiquinini habla en sueños, o si se levanta en silencio a hacer pis, me entero, eneguida además. Pero si suena un sartenazo no. Pa´qué. No puedo desperdiciar minutos de sueño con esas tonterías, hombre.

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