miércoles, 29 de septiembre de 2010

Salus: para cuidar a tu recién nacido mientras descansas.

Acabo de saber que existen unas enfermeras, llamadas Salus, a las que es posible contratar para cuidar de los recién nacidos en casa. Por ejemplo por las noches. Ellas enseñan al niño a dormir (¿?), le dan las tomas si son de biberón, le ayudan a expulsar el aire, preparan el baño, le dan masajes, etc. Si el bebé toma pecho, las Salus hacen exactamente lo mismo y cuando es el momento de la toma le llevan el bebé a la madre.

De entrada me he quedado sorprendida, no tenía ni idea de que algo así existiera.

Después me pareció un poco mal. Qué madres más despegadas las que contratan este servicio, ¿no? Luego, dándole más vueltas, no he sabido qué pensar. Quizá sea algo bueno. Algo parecido hizo mi madre para ayudarme cuando llegué a casa tras dar a luz al Chiquinini. Se quedó dos noches en casa y ella estaba pendiente del bebé, me lo acercaba para las tomas, etc. porque nosotros llevábamos cuatro noches sin dormir, entre los pródromos del parto, el parto, y el hospital. Y su presencia me dio mucha seguridad y tranquilidad, pues yo nunca había tenido contacto con un recién nacido y cualquier ruidito que hiciese, por ejemplo, me preocupaba. Fueron sólo dos noches, pero una gran ayuda.


Así que quizá las Salus son una buena opción para quien no cuenta con otra ayuda más cercana, o para partos múltiples, o para mil situaciones que ahora no se me ocurren.

Por supuesto está el otro lado de la moneda, el de excederse en el uso de este sistema y que otros crien al niño, o confiar en ellas a ciegas y que lo que ellas digan siente cátedra.

Bajo mi punto de vista en caso de necesidad, más vale contratar a alguien para que se ocupe de los quehaceres domésticos y ocuparnos nosotros de nuestro bebé, lógicamente.

Vaya, que me ha parecido algo muy pero que muy curioso.
“Por la noche cuando las Salus llegan al domicilio, se encargan del bebé, lo bañan, les dan masajes, preparan los biberones, les dan de comer, les ayudan a echar los aires y los enseñan a dormir por las noches, depende del peso y del bebé, es el tiempo de duración para que adquiera el hábito.
Si la mamá decide darle el pecho, hacen las mismas funciones, salvo cuando es la hora de la toma que se lo llevan a la mamá para que los alimente (última toma), en la toma de la madrugada, se le da un biberón con leche de la mamá, con el fin de esta descanse por la noche”.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre el que parece ser "el libro".

Pues no, a estas alturas aún no había leído el libro de Carlos Gónzalez sobre la lactancia materna. Había oido hablar mucho de él, pero no lo había leído, así que sentía curiosidad.

Cuando nació el Chiquinini me hice con algunos libros, entre los que no estaba éste, pero sí otro del mismo autor, “Bésame mucho”. Lo leí junto con “Duérmete niño” y alguno más. La verdad, no me gustó ninguno de los dos. El libro de Estivill no me gustó nada, ni en el fondo ni en la forma. Y “Bésame mucho”, tampoco me cautivó, me pareció que era llevar un poco las cosas al extremo, rizar el rizo, si bien lo que venía a decir era de “cajón de madera de pino”. El que más me gustó, por cierto, fue éste, “Un año para toda la vida”.

Con “Un regalo para toda la vida” me ha pasado algo parecido. La única parte del libro que realmente me ha interesado es aquella en la que se explican los mecanismos mediante los que funciona la lactancia, la parte más científica digamos. Cómo funcionan la prolactina y la proteína inhibidora de la leche, la concentración frente al tiempo, las posiciones correctas, etc. etc.

El resto me parece que es un empeño , seguramente legítimo porque el autor cree que el pecho es la mejor opción y no lo pongo en duda, por convencer. No “ordenando”, pero sí insistiendo demasiado, con ejemplos límite que a veces rayan lo absurdo, al menos a mi juicio.

Yo sigo queriendo darle pecho a mi hija, a ser posible lactancia materna exclusiva, pero aún así no comulgo del todo con este autor. Si una madre ha tenido gemelos, mediante cesárea, y además en el hospital no la han ayudado con la lactancia, si todo se ha complicado enormemente y está agotada, ¿por qué no puede darles el biberón tranquilamente? No, no; es posible dar teta. Sólo hay que currárselo un poquito y hacer el pino con las orejas. He leído opiniones de lectoras del libro que agradecen el hecho de que al leer a este autor no se han sentido culpables si han dejado el pecho. Yo no estoy de acuerdo, no he tenido esa sensación. Tal es su insistencia que al final tengo la impresión de que siempre es posible, no hay enfermedad ni mediamento ni situación alguna (casi) que lo haga imposible , de modo que si no lo hacemos es porque no queremos o no lo intentamos lo suficiente. Pero en la vida las cosas nunca son del todo blancas o negras.

Sí coincido con Carlos González en algunas cosas que comenta en la parte del libro que habla del cuidado de los hijos, aunque aquí también hay ejemplos extremos…En otro post lo comentaré.

En definitiva el libro no me ha entusiasmado y no estoy del todo de acuerdo con lo que dice, quizá estoy un poco “suspeptible” con el tema. Pero sí me ha parecido interesante, sobre todo al comienzo, y sí me ha ayudado a entender algunas cosas. Quizá de 200 páginas para mi el libro se puede reducir a 60 que realmente valgan la pena, pero finalmente y resumiendo sí recomiendo su lectura. Además está escrito con cierto sentido del humor.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sálvese quien pueda

Me encuentro con una compañera de trabajo. Su hija va al mismo colegio que mi Chiquinini, al jardín de infancia. Viene del pediatra porque la niña tiene fiebre y placas, y ya han empezado con antibiótico. Caen como moscas, en su clase ya están cinco niños malitos. Es la vuelta al cole...de todos, incluídos virus y bacterias galopantes.

Veo cómo el enemigo se acerca y me echo a temblar. El octubre pasado fue tremendo, no hubo tregua y además nos contagiamos los padres también, un horror.

Me consolaré pensando que el año pasado el Chiquinini se puso malo al segundo día de acudir a la guardería y este año lleva de momento dos semanas sin problema, así que el comienzo al menos ha sido menos estrepitoso...

Quien sabe, el inicio del curso pasado fue tan nefasto, con tantas itis y tan gordas, que igual el Chiquinini se ha super-inmunizado y esta vez nos libramos. De ilusión también se vive, oye.



martes, 21 de septiembre de 2010

La importancia de llamarse

La Chiquinina ya tiene nombre. ¡Por fin!Nos ha costado bastante decidirlo y ya tenía ganas de pensar en ella con su nombre.

Con el Chiquinini fue diferente, supimos bastante pronto que era un niño y además por la razón que fuese nos resultó fácil encotrar EL nombre.


En esta ocasión había dos inconvenientes. Por un lado no teníamos ni mi marido ni yo algún nombre que claramente nos gustase más que otros. Y cuando se vislumbraba alguno no estábamos de acuerdo…Por supuesto no teníamos nada en plan "si un día tengo una niña se llamará así".


Así que a estas alturas, con mi barriga más que evidente y sabiendo hace tiempo que el bebé es una niña, la pregunta era inevitable y las abuelas especialmente estaban ya impacientes. ¿Cómo la vais a llamar? ¿Ya tenéis nombre?

Y a fuerza de decir tantas veces que no, ya me empezaba a sentir incómoda, como teniendo que justificarme. “ No, no es que nos hagamos los interesantes. Es que sencillamente no nos decidimos”.


Finalmente recuperamos uno de los nombres que habían surgido en la primera “hornada" y que, quizá sin meditarlo demasiado, habíamos descartado. Lo retomamos, lo dejamos reposar un poquito…y por fin lo vimos claro. Ese era EL nombre.

Cada vez me gusta más. Cada vez veo más claro que es el nombre de mi hija. Qué curioso es esto de los nombres, la verdad. Y me encanta cómo lo dice mi Chiquinini.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Desafío toddler.

Habitualmente el Chiquinini se porta bien, es “obediente” (me gusta poco esta palabra) y se puede razonar con él en la medida en que sus dos años lo permiten. Pero…desde hace unos días hay una tarea en concreto que no quiere hacer y con la que me está buscando las vueltas. Quizá lo que está buscando son los archifamosos límites.

No quiere recoger sus juguetes, de ninguna manera. Cuando llega la hora de recoger el campamento que ha montado en el salón, no quiere. A veces siento que me vacila, porque inicialmente hace “como que sí”, pero enseguida se queda mirándome y sin mover un dedo, a veces incluso me dice “tú recoges”. Vamos, que intenta darle la vuelta a la tortilla de modo que yo paso de ayudarle a ser quien recoge.

La situación se repite y no han funcionado ni la estrategia-juego ( cantamos y lo hacemos juntos o jugamos a ver quién recoge más rápido), ni la negociación cordial, ni el castigo (a la cama sin cenar porque ni la amenza de quedarse sin comer gambas surtió efecto), ni nada…Así que la última vez recogí yo sus bloques de juguete, advirtiéndole antes que si lo hacía, se acababan los bloques para siempre, los retiraba y no se volvía a jugar con ellos. Y así ha sido porque no dio su brazo a torcer.

Un par de días después pidió jugar con sus bloques: “jugamos y luego los recojo “ ( es decir, la moraleja la había pillado perfectamente). No Chiquinini, ya te dije que no habría más bloques.

Y así estaba el asunto hasta que ayer, cuando jugando a otra cosa y llegado el momento de recoger, me dijo con su lengua de trapo:
 
-No quiero recoger. Retíralos, no voy a llorar.

Es decir, no me da la gana hacerlo y si por eso me guardas los juguetes para siempre me importa un pimiento.

Al final recuperó la cordura y recogió, pero ahí quedó lanzado su desafío. Como siga así se va a quedar sin nada con lo que jugar, el muy cabezota.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El blog cumple un año!

Hoy hace un año que estrené el blog. No sabía muy bien lo que iba a escribir, no tenía ni idea de las plataformas que había para crearlo, ni como usarlas. Vamos, casi no sabía ni lo que era un blog…Pero empecé a trastear con el ordenador y lo comencé. Por aquel entonces no conocía este “mundillo” y sólo seguía dos blogs, que siguen estando entre mis favoritos; fueron los que me inspiraron y despertaron en mí el deseo de escribir el mío. Un deseo que no sé muy bien en base a qué surgió realmente, porque no tengo grandes cosas que transmitir y tampoco quería que fuese un diario ( aunque a veces lo cierto es que se le parece bastante).
 
Y ya ha pasado un año. Ha habido momentos en que parecía que se me agotaban las ideas, sin embargo y como se suele decir, a lo tonto, a lo tonto, seguía escribiendo. Nunca pensé que me pudiera leer tanta gente, me parecía que escribir el blog era como mandar un mensaje en una botella al océano. ¿Alguien lo encontrará? ¿A alguien le interesará? Al principio y durante bastante tiempo casi no había comentarios. Poco a poco fue habiendo alguno, luego más, empezaron a aparecer seguidores…oye, qué alegría me daba ( y me da) saber que había alguien que me leía.

Gracias a los seguidores, a los que comentáis, y a los que estáis ahí sin escribir, en eso que llaman anonimato. Gracias a todos por leerme.

En este tiempo también he ido conociendo otros blogs. Como ya escribí en una ocasión, gente interesante y divertida. Hay blogs que informan, blogs que enseñan, otros de personas que nos descubren un pedacito de su vida y sus inquietudes; los hay que me hacen reir a carcajadas, otros que me admiran por su forma de escribir y reflexionar y otros que simplemente entretienen, entre los que creo que puede estar el mío. Con el paso del tiempo también he conocido a personas que ya considero amigos ( aunque sólo sea ciber-amigos).

No sé cuánto más durará el blog, espero que mucho. Aunque a partir de diciembre…no sé si seré capaz de mantenerlo vivito y coleando, y es que ser mamá de dos me parece todo un reto!

Mientras tanto y aprovechando la coyuntura, ¿alguna sugerencia de quienes me leéis para mejorar el blog?



lunes, 13 de septiembre de 2010

Consejos a una mamá primeriza

Una compañera de trabajo está también embarazada, de seis meses como yo. En su caso es su primer hijo. Hemos estado charlando, comentado cosas, me ha hecho alguna que otra pregunta y… no he sabido muy  bien qué decirle. Tengo tantas cosas en la cabeza…pero no me siento capaz de aconsejar a alguien. Básicamente le he hablado de cómo yo llegué a la maternidad totalmente ignorante e "inconsciente" y que he ido aprendiendo un montón de cosas, pero después de tener a mi hijo.

Al final no he podido, no he querido o no he sabido, explicarle cosas concretas, sólo le he comentado que no se deje aconsejar ni aleccionar por la gente, que cada uno le dirá algo diferente y que ella va a saber mejor que nadie lo que su bebé necesita.

Que se interese por el tema de la lactancia por ejemplo y no por la última canastilla o cochecito.

Que no ponga grandes expectativas en los cursos de preparación al parto, porque como en todo los hay buenos y malos ( y los míos fueron de los segundos) y que busque información más allá. Y poco más. Cómo podía explicarle en cinco minutos tantísimas cosas como hay por aprender…Imposible.

jueves, 9 de septiembre de 2010

¿Estarán Rubén y Lucía?

¡Y viene Rubén!- Eso es lo que dijo el Chiquinini.

Con 18 meses, en octubre del año pasado, empezó la guardería, unas horitas por la mañana. La adaptación fue fenomenal pues estaba encantado de ir con otros nenes. Lo llevé yo peor que él. Echando la vista atrás creo que la experiencia ha sido buena en términos generales, si obviamos la parte de los virus y bacterias, eso sí…

En agosto hemos “roto” con la guardería entre vacaciones de unos y otros y luego hemos intentado prepararle para el nuevo cambio: esta semana empezará en el jardín de infancia del que queremos que sea su colegio a partir del próximo curso. Le hemos hablado del cole da mayores, hemos ido a conocer a la profesora, el aula, etc. De momento la idea parece que no le disgusta. Pero…él espera encontrarse con Rubén y Lucía, sus amigos del año pasado en la guardería. Creo que se llevará un pequeño chasco. Y además está en un momento de papitis-mamitis aguda, nos pregunta cada día si nos tenemos que ir a trabajar, y está más vergonzoso y retraído con otros niños ( y adultos) cuando no los conoce. Antes se iba con todo el mundo. Serán cosas de la edad. En cualquier caso no tengo claro que la adaptación al nuevo centro vaya a ser tan buena como el año pasado. Aún así estoy intentando aprender y no pre-ocuparme.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Comprar una hermanita?

Vaya jaleo mental que se tiene el Chiquinini. Le hemos empezado a hablar hace poco de la próxima llegada del bebé, de su hermana, pero inicialmente sin aclararle mucho más.

Lo primero era que entendiese qué es eso de un herman@, que para él era un concepto totalmente nuevo. ¿Cómo explicarle con dos años qué es un hermano? Lo más fácil que se me ocurrió fue hablarle de Caillou y su hermana Rosi, así que el Chiquinini pensaba que íbamos a tener un bebé-Rosi. Superada esta fase y entendiendo ya ( o eso creo yo) lo que es un herman@, el Chiquinini empezó a preguntarse a su manera de dónde iba a venir la hermanita en cuestión.

Hace unos días hicimos la primera compra para la Chiquinina, se trataba sólo de un peluche; le enseñé dos al Chiquinini y le dije que eligiera uno para su hermanita. Lo hizo y después me preguntó:


-Dónde está hermanita? Vamos a comprarla?


Ups! Mejor se lo aclaro un poquito...

-La hermanita no se compra. Está aquí, en la barriga de mamá.

-(Levantando mi camiseta) No la veo


-Es que está dentro.
Ahora ya se lo ha aprendido y lo cuenta “ por ahí “ de vez en cuando: mi hermanita está en la barriga de mamá.


No sé qué es lo que ha entendido exactamente, si realmente entiende que vamos a tener un bebé en casa, y no de visita. En cualquier caso creo que el cambio va a ser impactante para él. Pienso que aún es pequeño para entender bien la situación y que aunque le digamos lo importante que es ser el hermano mayor es aún muy pequeño. Va a tener que compartir a mamá y a papá, a la hora de los juegos, de dormir, de las comidas, del baño, en todos los momentos en que ahora es él el único centro de atención. Por no hablar de los momentos en que tenga que aprender a esperar…Veremos cómo nos va.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Así nació el Chiquinini

En mi caso no hubo duda. Cuando se rompió la bolsa salía mucho líquido calentito y totalmente transparente, que mojaba el suelo en mi camino de la cama al cuarto de baño, y seguía saliendo mientras me duchaba.

Mis contracciones empezaron la noche anterior a la de romper aguas. Eran como dolores de regla fuertes y por un tiempo definido, y se repetían cada hora. Con estas primeras contracciones sentía ganas de ir al lavabo, o al menos eso me parecía, como si eso fuese a aliviar el dolor, aunque no era así realmente.

Al día siguiente las contracciones se ralentizaron y pasaron a ser esporádicas, a veces cada dos horas, a ratos no…Así pasó todo el día hasta que a las 23 h empezaron a ser cada 30 o 40 minutos. Pero entre una y otra había otras más débiles que no sabía muy bien si debía contabilizar o no. Eran muy irregulares en intensidad y en frecuencia.

A las 12.30 h rompí aguas y nos fuimos al hospital. Las contracciones eran irregulares aún, pero cada vez eran más dolorosas. Recuerdo que en los cursos de preparación al parto me habían dicho que duraban menos de un minuto, unos 30 o 40 segundos, pero yo contabilicé hasta dos minutos que parecían dos horas… Cuando ya pensaba que no soportaba más el dolor, sólo había dilatado 3 cms…Como había roto aguas no me mandaron de vuelta a casa. El trato a mi llegada al hospital fue poco amable ( sube a tal planta, baja, ya estás aquí otra vez…). Finalmente me monitorizaron, lo que me resultó muy incómodo pues no podía moverme y buscar la posición menos dolorosa con las contracciones. Después de un par de horas al ver en el monitor la intensidad de las contracciones ( o porque ya tocaba, no lo sé) me ofrecieron la epidural, eran las 3 de la madrugada. ¡Mano de santo!

La dilatación duró hasta las 8 de la mañana, pero al terminar, aún no tenía ganas de empujar. Aun así empujé en la habitación, como me pidió la matrona, pero el bebé estaba muy arriba y parece ser que no conseguía nada... A partir de ahí se complicó un poco la cosa.

Decidieron pasarme al paritorio y retirarme la anestesia epidural para que empujase mejor…Costó mucho que saliera el niño. Había que empujar muy, muy fuerte, increíblemente fuerte…y me quedaba sin fuerzas antes de que acabase la contracción. Tuvieron la ventosa preparada pero al final conseguí empujar lo suficiente, cuando creía que ya no podía más, por el dolor en parte, y porque me sentía sin fuerzas. Casi lo más difícil es no empujar cuando te lo pide el médico, porque con estas contracciones parecía que el hecho de empujar las podía aliviar. Hubo un médico que me ayudó a empujar presionando mi barriga desde fuera, a mí me parecía que iba a explotar. Yo pensaba “no puedo más, hasta aquí hemos llegado, aquí me planto, que me hagan cesárea o lo que quieran”.

Me moría de sed pero no me podían dar agua, sólo humedecerme los labios. Me hice rozaduras en los codos con el esfuerzo.

Al final salió mi Chiquinini y la sensación fue un poco extraña, de alivio y al mismo tiempo de vacio, en sentido literal y en sentido figurado… Se lo llevaron tan rápido que no pude verle ni oirle. Al parecer él también lo pasó mal con tanto esfuerzo y tuvieron que reanimarle un poquito. Le aspiraron los mocos, le pusieron bajo la lámpara de IR para calentarle, etc .Cuando me lo trajeron tenía aún las manos moradas por el frio. Sentí una emoción inmensa que no sé describir, y me eché a llorar. Ya podía verle su carita, y eran tan pequeñito…Me lo trajo su papá, que lo tuvo en brazos antes que yo. Era muy chiquitín, estaba muy despierto, con unos ojos muy grandes en una carita muy pequeña, parecía asustado, llevaba un gorrito amarillo deshilachado y olía al detergente del hospital. La sensación de ese primer momento es muy difícil de explicar.¡ Era tan bonito….!

La semana siguiente recordaba el parto cada día, sin querer. Pero no por el dolor, no como algo negativo, sino todo lo contrario; la sensación de sacar a mi Chiquinini de mi barriga y la emoción de verle…La verdad es que el parto es una experiencia muy fuerte y muy difícil de explicar.

Me ayudó muchísimo tener a mi marido conmigo, dándome ánimos y acompañándome. No me imagino haberlo pasado todo yo sola.

Lo peor, como suele decirse es ponerse nerviosa, “colapsarse” y no ser capaz de respirar ni empujar ni hacer nada. Qué fácil es decirlo!! Cuando mi marido me decía “respira” yo era incapaz de recordar cómo hacerlo.

Hubo episotomía, con unos pocos puntos que curaron bien, y tuve una luxación del coxis. De ésta y el postparto ya hablé aquí.

Los dos días en el hospital me parecieron cansados, con mucho “jaleo” en la planta y demasiadas visitas en mi caso, muchas de ellas de compromiso. De modo que entre esto y la falta de sueño de la noche del parto, la anterior y las dos siguientes, al llegar a casa no podía dormir de puro cansancio, me mareaba al cerrar los ojos. Necesité tilas y paracetamol. Fue un verdadero placer volver a nuestra casita.

Dicho esto, y sabiendo que todo tiene sus pros y sus contras, tengo claro que mi hija nacerá también en el hospital (y a ser posible con anestesia!).