sábado, 27 de febrero de 2010

¿La tortilla se da la vuelta?

Sólo un breve apunte en relación con algo que me ha llamado mucho la atención. Recientemente me he encontrado con dos mamás que no trabajan fuera de casa y que dicen sentirse en ocasiones un poquito bichos raros ( os reconoceréis cuando me leáis ;-) ), pues les dicen cosas como que al niño le vendría muy bien ir a la guardería.

Ya he hablado bastante sobre el tema de la guadería, que para mi es sencillamente una necesidad. A partir de cierta edad es un medio en el que pueden socializarse, jugar con otros niños y pasar un rato agradable. Pero con pocos meses de vida para mí es indiscutible que donde mejor están los niños es con sus padres ( otra cosa es que las circunstancias nos conduzcan a otra situación) y más adelante la guardería debería ser una opción para pasar allí un tiempo razonable, no para dejarles durante jornadas larguísmas. Sin embargo muchas veces es así, de modo que esto está siendo cada más habitual y por en consecuencia “lo normal”.

Cada vez somos más las madres que trabajamos fuera de casa y parece que se está convirtiendo en extraño el no llevar al niño a un centro infantil. ¿Extraño? ¿Cómo va a ser eso lo extraño? Inusual, poco frecuente..¿pero raro? Nunca se me habría ocurrido verlo desde ese punto de vista.

¿Se está dando la vuelta a la tortilla? ¿O simplemente, tomemos la opción que tomemos, siempre habrá alguien con la crítica en los labios?

Me inclino más por lo segundo. En este caso se trata de trabajar o no fuera de casa, pero lo mismo sucede con otros temas. Sólo hay que ver los rios de tienta que generan la lactancia, el colecho, etc.

Como no quiero ponerme muy seria hoy dejo, con permiso de Maitena, un chiste.


Sobre el primero, cuarto y sexto ya he hablado en alguna ocasión, pero los seis son verdades como puños.

jueves, 25 de febrero de 2010

Palabrotas

Ya sabemos cómo son las paredes de las casas, que parecen hechas de papel de fumar. Cada vez están mejor aisladas pero los ruidos aún se oyen y las voces más. En el piso que está encima del nuestro vive una familia con dos niños pequeños, de dos y tres años, y sin embargo oigo más al padre abroncándoles que a ellos. Alguna nochecita toledana tienen, como todos los niños de esa edad, pero durante el día a quien escucho a menudo gritando es al padre, y además de gritarles ( algo de lo que no soy partidaria porque eso se puede convertir en una casa de locos; firmeza sí, voces no), se dirige a ellos con palabrotas.

-Hostia, Fulanito! Para ya, joder!

¿Por qué les habla así? ¿Por qué no cuida un poco sus expresiones cuando se dirige a ellos?

Quizá el padre argumentaría que no es un asunto tan preocupante. ¿Qué mal le puede hacer al niño aprender esas palabras? Tarde o temprano las aprenderá, forman parte de nuestro lenguaje, hay veces en las que soltar un taco es un buen desahogo, viene incluso al caso, y no se hace daño a nadie si no se dicen con ánimo de ofender.

¿Es así de sencillo? ¿O el uso del lenguaje de un modo u otro tiene otras implicaciones? ¿El hablarles así forma parte de “un todo”, una forma de (no)educarles, un peldaño en su formación?¿Qué le transmitimos a un niño cuando hablamos con tacos? ¿Es relevante?

Lo cierto es que ahora mismo no sé qué más añadir porque no tengo las respuestas. Y sin embargo me parece que no, que esa no es la forma adecuada, que no hay necesidad de que aprendan a decir “joder” antes que “gracias”. Y que no es necesario darles voces un día sí y otro también.

Cuando me enfado y me pongo seria con el Chiquinini, sin gritarle, es perfectamente consciente de ello y lo entiende. Vaya sí lo entiende…despliega todas sus armas para encandilarme. Primero rehuye mi mirada dirigiendo la suya hacia el suelo y luego tuerce el morrito con semblante muy serio. A continuación me mira con su mejor y más serena sonrisa y me dice “mamá guapa, hola mamá”.
A día de hoy a veces me tengo que aguantar la risa para mantenerme firme delante de él. Me sorprende su picardía siendo tan pequeño.

Supongo que llegará un día en que los enfados sean mayores, por motivos más serios y sin lugar a medias sonrisas. En cualquier caso habrá muchas veces en las que imagino que tendremos que enseñarle qué es lo correcto y qué no. Pero no creo que gritarle facilite en absoluto esa labor.

lunes, 22 de febrero de 2010

Mamás a los 30, previsoras y con menos hijos

Eso es lo que dice el Informe Chicco sobre la maternidad en España en 2010. He estado leyendo este informe que si bien no descubre nada excepcional, sí es curioso.




Cada vez esperamos más para tener el primer hijo:

Estas son las cosas que nos preocupan, algunas muy curiosas...


Y mi sorpresa mayor: un 50% de mujeres cree que su trabajo favorece la conciliación laboral y la maternidad.¿Tantas, de verdad?


Para mí esa sigue siendo la asignatura pendiente, difícil de superar con el percal que tenemos en casa...Leed sino el peor dato de este informe, a mi juicio:

1 de cada 3 madres dice criar a sus hijos sin ayuda de su pareja

Por cierto, ¿cómo que ayuda?¿Pero los hijos no son de los dos?

domingo, 21 de febrero de 2010

¿Por qué la primera ronda empieza tan tarde?

Mis amigos más cercanos, amigos del colegio, de la universidad y del trabajo, han pasado todos de los treinta. Y como ya mencioné, sólo un 50% ha tenido ya algún niño. Ninguno lo tuvo/tuvimos antes de los 30-31 años.

De entrada a mí no me parece tarde, la verdad. Desde mis circunstancias personales y la perspectiva que eso me da, cuando pienso que mi madre me tuvo a mí con 24 años, casi me parece pronto.

Sin embargo tomándolo con un poco de objetividad no hay duda de que 30 años parece una edad más que suficiente y adecuada para que aquel que desea ser padre/madre se plantee la cuestión y no lo retrase más. Además, del lado de la biología dicen las malas lenguas que los óvulos no entienden de elixires y que aunque cada vez estemos más sanos y lozanos en nuestra treintena, y aunque cada vez nos cuidemos más, ellos envejecen igual que siempre…

¿Por qué entonces algunas de mis amigas, a sus 33 años bien cumplidos, no están ni en el anteproyecto de la maternidad? Pues estas son las razones de los ejemplos más cercanos ( a parte de otras que pueda haber que yo desconozca): trabajo, trabajo y más trabajo.

La que no se tiene que ir este año tres meses a Estados Unidos, tiene un proyecto a 500 km de casa, que hace que tenga que viajar todas las semanas pasando varios días fuera; y la que no se encuentra en una de estas tesituras está al cargo de un departamento logístico en que las expediciones y sus incidencias no distinguen entre días laborables o festivos, etc.

Entre las que sí somos madres, hay quien ha tenido que escuchar de sus jefes en relación con la posibilidad de reducir su jornada: “No lo hagas; no es bueno para tu carrera”. Sin comentarios. Y quienes no lo hemos escuchado, digamos que de algún modo no lo necesitamos porque ya lo tenemos bien “interiorizado”.

Así es imposible ser madre, salvo que estés dispuesta a que tu hijo sea criado por otras personas o renuncias a algunos de tus logros profesionales. Pero entonces, ¿para qué nos hemos preparado tanto? ¿Para que nos hemos sacrificado tanto? Esa es la pregunta que me hago continuamente, cuando siento que aunque se pretenda llegar a todo, en algún ámbito hay que ceder, sea en lo familiar o en lo laboral. Y no encuentro la respuesta. La conciliación está aún muy lejos, suponiendo que no sea un cuento chino

jueves, 18 de febrero de 2010

Segunda ronda

Una de mis mejores amigas está “recién embarazada”. Es su segundo bebé y la anterior es una niña que tiene ahora 19 meses. Por tanto los niños se van a llevar poco tiempo. Estamos claramente inmersos en la segunda ronda de retoños. Bueno, los que hemos empezado, ya que hay un porcentaje alto de amigos de mi edad, en una estimación rápida me sale del 50%, que todavía no se ha puesto a la tarea de elevar nuestra tasa de natalidad (sobre estos individuos insolidarios hablaré en la próxima entrada).

Los que sí han dado el paso de ser padres han debido de pensar aquello de “el comer y el rascar todo es empezar” y enseguida han tenido un segundo hijo. Ejemplo número uno: 11 meses de diferencia entre el nacimiento del primer y el segundo bebé, ejemplo dos, 25 meses de diferencia y ejemplo tres, el que origina este post, 27 meses. En los tres casos, niños bien seguiditos. O bien los padres han pensado lo que decía antes, o bien es el hecho de que cada vez somos padres más tarde y cuando nos ponemos a ello nos entra el acelerón. Por cierto, que con la progresión que acabo de enumerar, tengo algunas papeletas para ser el ejemplo cuatro, no…?


En relación con todo esto, hace algún tiempo que pienso en qué es mejor: que los hijos se lleven pocos meses o que nazcan algo más distanciados. Cuando digo distanciados me refiero a tes, cuatro o cinco años; no más. Cuando la diferencia de edad es mayor pienso, sin saberlo por experiencia, que el vínculo entre hermanos no es igual de intenso pues no se han criado juntos o si lo han hecho han compartido menos cosas; por ejemplo cuando uno es ya adolescente el otro es un mocosete todavía.


Sin embargo el caso del primer ejemplo que he mencionado antes, en el que los hijos se llevan sólo 11 meses, me resulta un poco excesivo y apurado. Para el cuerpo de la madre, a duras penas recuperado del primer envite , le llega ya el segundo. Otra vez baile de hormonas y todos los demás cambios que supone un embarazo. Por otro lado creo que dos niños tan pequeños son una prueba de fuego para la estabilidad de la pareja, además de suponer una alta dosis de cansancio, poco tiempo para dedicarles en exclusiva, etc. Pero sobre todo, lo que me hace dudar más sobre las bondades de este caso es el pensar si será tan abrumador el trabajo que lleva implícito, que impedirá disfrutar al cien por cien de los niños mientras son pequeños.


Hasta aquí personalmente lo tengo más o menos claro. Digo más o menos, porque en esto no creo que haya realmente situaciones buenas o malas, pues cada uno tendrá sus circunstancias. No es lo mismo por ejemplo que los dos progenitores trabajen fuera de casa o que uno esté allí dedicado en exclusiva a los niños. Tampoco es lo mismo si el primer bebé resulta ser "de alta demanda" que si es un niño tranquilo y de buen dormir. Supongo que estas y otras cosas influyen también en la decisión. En cualquier caso me planto en el medio y pienso que lo mejor es que los hermanos no se lleven ni mucho ni poco.


Pero una vez que el mayor cumple un añito, a partir de ese momento, ¿cuál sería el momento ideal para tener un segundo hijo? ¿Es mejor esperar y poder así disfrutar más del mayor primero, y luego del pequeño (pues el mayor será más autómomo)? ¿O es mejor pasar de golpe el “achuchón” de los primeros meses y además es bueno para los hermanos el llevarse poco tiempo?


martes, 16 de febrero de 2010

Prefiero trabajar en la mina.

El fin de semana ha sido un dolor, literal para el Chiquinini y figurado para nosotos. Los bichos en general ( léase virus o bacterias) no respetan ni los cumpleaños de las madres, ni las fiestas de disfraces, ni las fiestas de guardar.

Llevábamos una buena racha en cuanto a catarros e “itis” del Chiquinini y claro, no podía prolongarse tanto nuestra dicha. Así que el viernes empezó sutilmente la fiebre, sólo unas decimillas que cacé al vuelo al besarle. "¿Este niño está caliente? Ummm…A ver con el termómetro…37,5ºC. Esto seguro que le pregunto a un pediatra y me dice que no es fiebre, así que tranquilidad. A ver si se sujeta." Pero no fue así, subió la fiebre, afloraron los mocazos verdes, y por qué no, vamos a añadirle un dolor en las encías al porbre niño por la incipiente salida de alguna muela. Pobrecito. ¿Por qué desde que nacemos ya nos tienen que pasar cosas “malas”?
Otras veces cuando se pone malito está decaído y poco más, pero está vez el Chiquinini estaba de mírame y no me toques. Tenía tan mal cuerpo que no se aguantaba ni él. No sabía lo que quería. Todo el día gimoteando, diciendo “pupa” y pidiendo “medicina”…

Como el termómetro no ha dado tregua no nos hemos atrevido a sacarle a la calle. Normalemte con el efecto del analgésico y abrigándole bien salimos a que nos dé el aire, porque nos viene bien a todos, tanto a él como a nosotros. Pero con tantísimo frio y la fiebre prácticamente sin bajar no nos atrevimos. Así que después de 48 horas sin salir de casa nos subíamos todos por las paredes…

Total, agotados, hartidos, saturados. Yo con agujetas en los brazos porque el peque sólo quería que le cogiera en brazos todo el tiempo, y de pie, no valía sentarse; y son ya doce kilitos los que pesa…
Como dijo mi marido el domingo por la noche, en días así prefiero trabajar en la mina.

E intento acordarme de eso mismo para cuando se me nubla la mente y me da por pensar que tres sería un número ( de hijos) estupendo.

domingo, 14 de febrero de 2010

Actualizando

Esta semana he cumplido 34. Vaya, otro añito más ha caído como el que no quiere la cosa. La primera consecuencia es que tengo que actualizar la cabecera del blog. La segunda que tengo que darme un baño de color en el pelo porque ya no aguanto más a mi hermana diciéndome a todas horas que debo hacerlo porque la concentración de canas así lo demanda y bla, bla, bla. 

Curioso esto de la edad. Te sientes igual de joven que siempre pero no lo eres. Hace poco pensaba que bueno, en realidad no era tan mayor, todo depende de la óptica con que se mire. Para un quinceañero quizá lo fuese, pero qué saben ellos todavía, no tienen ni idea, con veintitantos se es todavía muy joven. Lo que ocurre es que los ventitantos quedaron ya también atrás. ¿Pero cómo ? ¿Cuándo ha sido eso? ¡¡¡Si no me he enterado!!!

El caso es que pasé los 30 y este año ya son 34…Una edad en la que no sabe una si refererise así misma como chica o como señora. Nada me suena bien. Habría que inventar una palabra análoga a toddler para este caso.

Soy joven sí, pero soy madre, me he casado, tengo una hipoteca, llevo 10 años trabajando (tantos?) y en Navidad cuando quedé con mis amigos de la universidad para cenar no tomamos pinchos de patatas bravas con salsa rosa y calimocho como antaño, sino que fuimos a cenar a un “sitio bueno” y “de tranquis”.

Además cuando tenía 20 años y contaba 10 años atrás me remontaba a la época de la primera comunión. Tan joven era.Y ahora si miro 10 años atrás ya había terminado la carrera. Upsss…

En fin, 34 son los que son. No te da el bajón como a los 30 con el cambio de década,ves como se van acercando los 40 (Dios!!), pero de momento son 34, ni fu, ni fa, ni chicha ni limoná.

En cualquier caso y cambiando un poco de tono, lo más importante es que puedo decir que soy feliz.

viernes, 12 de febrero de 2010

Odio cuando...

…no puedo ir a hacer pis porque no me fio de lo que está tramando el Chiquinini, ¡pero ya no me aguanto más! SOS!

…me arrolla la sensación borreguil. Ejemplo reciente, la “operación carnaval”. No tengo tiempo de hacer algo casero, vamos a la tienda y…cola para ver, cola para preguntar, cola para pagar. Todos a una como borregos porque esta semana toca comparar disfraz. No! Me niego!

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Hay nombres "de moda"?

Tenemos que elegir un nombre para el bebé que esperamos. Qué responsabilidad, lo llevará toda su vida…Cuando llega este punto, ¿cómo se elijen los nombres? ¿Nos afecta en esto la moda o las tendencias? Personalmente creo que algo de eso hay y siempre ha debido ser así porque hay nombres más comunes en ciertas generaciones que en otras.

El otro día me encontré con una conocida que ha tenido una niña hace pocos meses.

-¿Cómo se llama?-le pregunté. E inmediatamnte pensé “No me lo digas, que seguro que lo adivino”.

- Lucía- Respondió.

¡Bingo!. Lo sabía. Era altamente probable. Entre todos los bebés de amigos y conocidos nacidos en el último par de años, al menos hay cuatro o cinco niñas que se llaman Lucía. ¿Simple casualidad?

En el caso de este ejemplo el nombre me gusta, pero el hecho de que sea tan frecuente sería para mí un motivo de descarte. Sin embargo habrá a quien eso no le importe y también es comprensible. Si es el nombre que más le gusta, por qué renunciar a él por una razón tan tonta.
En el INE pueden consultarse los nombres de niñ@s más puestos cada año y me llama la atención que Lucía está en el primer puesto del año 2008 ( y casi seguro que en 2009), con una marcada distancia sobre el segundo nombre más frecuente. Algo parecido sucede con los nombres de niños y en general hay siempre dos o tres que ganan por goleada al resto. ¿Por qué será? ¿Cómo surge “la moda” o la clara preferencia por uno o dos nombres? Tengo curiosidad, la verdad.

En la web del Instituto Nacional de Estadística pueden conultarse los nombres de los niños y niñas recién nacidos por años y por comunidades autónomas. Aquí copio el “top 20” correspondiente a 2008 (no he encontrado datos aún de 2009).



domingo, 7 de febrero de 2010

El Dia Interminable

Me levanto. A ver si con suerte la alondra madrugadora, es decir, el Chiquinini, no abre el ojo en cuanto me oye. Me muevo con sigilo para evitarlo. Si duerme unos minutos más podremos desayunar y demás sin estar a la vez recogiendo los juguetes que va sacando o evitando que intente coger el grifo de la ducha con riesgo de precipitarse en la bañera de cabeza mientras me lavo los dientes. Miro el reloj;no vamos mal, aprovechemos para poner una lavadora. ¿Quién le lleva hoy a la guardería, tú o yo? Si le llevas tú yo cojo el otro coche y aprovecho para lavarlo y echar gasolina. Se despierta el peque, le preparamos y cuando vamos a salir por la puerta veo que está haciendo caca. Toca cambio de pañal y ya nos está pillando el toro. Ole, a correr.

Unos minutos después llego al trabajo. Toda esta parte la voy a omitir pero aquí hay de todo,claro: días normalitos, días de no parar, días de estrés…Salgo a mediodía y voy a casa para comer en poco más de media hora, pero así al menos veo un ratito al Chiquinini. Partimos el día y no se nos hace tan largo.

Vuelta al trabajo y cuando termino por fin es hora de volver a casa. Paseo, compras, juegos, cuentos o lo que toque o apetezca ese día. Esto es lo mejor del día. Este rato es sagrado y no hago nada en la casa ni atiendo llamadas de teléfono si preveo que se puede alargar la conversación. Después llega la hora del baño y la cena del peque. Hora de dormir. Estaba cansado y hoy ha caído redondo.

Nos sentamos a cenar. Qué bien, ahora un ratito de descanso…Ah, no, perdona, aún hay que recoger la cocina, fregar los biberones porque si no lo hacemos ahora no habrá ninguno limpio para el desayuno, recoger la ropa tendida que antes no pude y si la dejamos con estas heladas estará mañana tiesa; voy a meter al Chiquinini en la sábana fantasma ahora que está dormido no vaya a ser que se caiga y …uf!…el resto de “pendientes” lo dejamos para otro día.
Odio esa sensación de que siempre hay flecos y nunca se acaban las cosas por hacer.



jueves, 4 de febrero de 2010

¿Podría haberlo evitado?

Hasta ahora habíamos tenido suerte y aunque el Chiquinini no para quieto, es un polvorilla y no tiene miendo a nada nunca se hizo daño, más allá de algún que otro moratón más o menos feo. Pero el otro día ..el Chiquinini se cayó del sofá. Y yo que andaba tan preocupada por si se caía de la cama…Cosa por cierto que no ha ocurrido gracias a un curioso invento, la “sábana fantasma”. Bueno, como decía, se cayó del sofá y dio contra el suelo de costado.


Lo cierto es que la caída fue fea e inmediatamente supe o imaginé que había sido una mala caída. Lloró un poco más de lo habitual cuando se da un golpe pero no le vi nada en la cabeza, la sien, la oreja…nada raro a simple vista, si bien enseguida noté que el cuello o el hombro le dolían. Se había hecho una pequeña fractura en la clavícula. En pocas horas el dolor remitió y a los dos o tres días apenas le molestaba. Dicen que en los niños este tipo de lesiones se curan bien y rápido.Aún así fue un buen susto para mí y aunque el accidente fue leve me sentí un poquito culpable. Y sobre todo rabiosa e impotente, pensando en que quizá le podría haber evitado el dolor a mi hijo. Si hubiese sido sólo un poco más rápida…


Hace algún tiempo los blogs Ciudadano Cojo y Diario de una mamá pediatra escribieron sobre si hay niños accidentables o padres irresponsables. Imagino que como de todo hay en la vida, habrá un poco de las dos cosas. Supongo que habrá padres irresponsables, padres responsables pero más “confiados”, padres responsables y “miedosos”. Del mismo modo hay niños tranquilos, tranquizalos, otros inquietos y otros hiperactivos. En cualquier caso, un accidente es eso, un accidente, algo que no era esperado. Aunque claro, a veces sí es hasta cierto punto previsible.



En fin, que sea lo que sea, no pasan más cosas porque tienen un ángel de la guarda y está claro que no se les pueden quitar los ojos de encima. Yo misma me autolesioné una vez con un sacapuntas viendo algo tan inocente como Barrio Sésamo. Sí, sí...Apareció un niño que simulaba pintar con los dedos y yo quise imitarle y el dedo meñique, que era el que cabía, ¡al sacapuntas! No doy más detalles de cómo quedó la uña…Angelitos.



martes, 2 de febrero de 2010

Lógico

Salimos de casa al rellano de la escalera.
-Chiquinini, ve llamando el escensor (mientras cierro con llave la puerta de casa).




Chuiquinini gritando: -"Ascensoooooooooo!!"