Lo cierto es que no deja de sorprenderme cómo algo tan natural, la forma en la que todos llegamos a este mundo, tiene que ser tan…uf! No sé qué palabra usar…vamos a decirlo claramente, tan difícil y doloroso. Vale, afortunadamente hoy en día no siempre es así, bendita epidural! Pero yo tuve un parto un poco difícil, y me la tuvieron que retirar.Y además es tan cansado, que te quedas hecha caldo justo cuando vas a tener que empezar a cuidar de un recién nacido. Y además el recién nacido te necesita continuamente. ¿Pues no dicen que la naturaleza es sabía? A lo mejor resulta que es naturalezo y es sabio.
Los primeros días, al darle el pecho a mi bebé me emocionaba tanto que alguna vez se me saltaron las lágrimas. Tan pequeño, tan lindo, con su calorcito…Un auténtico milagro.
Aunque también está la otra cara de la moneda: los momentos en que se me saltaban las lágrimas porque sentía que había perdido mi identidad…”yo antes tenía una vida”. Las hormonas y el cansancio hacen decir cosas exageradas. Como esa y como “tengo tanto sueño que me voy a morir, hoy o mañana, pero fijo que me muero…”. Esas primeras semanas realmente no son lo idílicas que uno se imaginaría, y parece que se reducen a teta-pañal-teta, y que estás viviendo el mismo día una y otra vez. Es una lástima, porque luego pasa volando y no se disfruta al máximo.
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